Su historia
Con solo una semana en su casa de acogida, Bruno parecía llevar allí toda la vida. Al principio salía a pasear muy eufórico, y en pocos días empezó a hacerlo contento y tranquilo, disfrutando del campo y de sus nuevos amigos. Estuvo socializando en una guardería canina, donde se hizo un montón de colegas perrunos. Tenía algo de ansiedad cuando se quedaba solo, algo que se corrige con trabajo, y en casa se portaba de maravilla. Era un perrazo noble que merecía una familia que le dedicara paseos y tiempo, y la encontró.
Gracias por hacerlo posible
Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
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Bruno ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.








