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Su historia
Bulti era hijo de una podenca y de padre desconocido. Tras una primera adopción que no salió adelante por motivos ajenos a él, volvió con HappyDog con nueve meses. Era sociable y muy noble para ser un cachorrón: hacía todas sus necesidades en la calle, no tiraba de la correa y le encantaban los niños, los abuelos y jugar con otros perros. Cuando se quedaba solo en casa no ladraba ni rompía nada. Con diez meses encontró por fin su familia.
Gracias por hacerlo posible
Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
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Bulti ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.
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