Su historia
Drago formaba parte de una camada encontrada sola en el campo, en la provincia de Sevilla, que se había metido en una finca. Su dueña nos avisó y trajimos a los cachorros a Madrid. Un mes después, con unos tres meses y medio, Drago ya tenía su chip y sus vacunas. Era muy bueno, cariñoso y súper sociable. Parecía un cruce de labrador y mastín, aunque no iba a ser muy grande: tamaño labrador. Todos sus hermanos fueron encontrando familia, y Drago fue el último de la camada en irse. Mereció la pena esperar: hoy tiene su propio hogar.
Gracias por hacerlo posible
Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
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Drago ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.










