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Su historia
Raku y su hermana aparecieron siendo bebés, los dos solos, en un camino forestal, y acabaron en una perrera de Sevilla, donde fueron creciendo entre barrotes. Con cuatro meses conseguimos sacarlos y traerlos a Madrid. Cada día se le veía más cara de labrador, así que seguramente tenía algo de esta raza. Buscábamos para él una familia que le diera todo el cariño que aún no conocía, y la encontró: hoy Raku está adoptado.
Gracias por hacerlo posible
Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
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Raku ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.
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