Su historia
Gabriela era una bodeguera de un año a la que encontramos en una calle de Sevilla, hecha un ovillo y muerta de frío. La recogimos enseguida y, desde ese momento, ya no volvió a pasar frío: tocaba alimentarla, cuidarla y buscarle una bonita familia. Era súper pequeñita, noble y dócil. Algo tímida, pero nada miedosa, solo pedía amor y una caricia, y sus ojos lo decían todo. Esa familia que sabría cuidar de ella llegó, y Gabriela fue adoptada para empezar una nueva vida.
Gracias por hacerlo posible
Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
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Gabriela ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.










