Su historia
Yilka formaba parte de una camada de cuatro hermanitas. Su madre era una perra de aguas y el padre era desconocido; según el veterinario de Sevilla podía ser un podenco, aunque no se pudo confirmar. Era difícil saber cuánto pesaría de adulta, pero sí que sería de tamaño mediano. Llegó a Madrid junto a sus hermanas, donde se buscaron para ellas las mejores familias posibles. Yilka encontró la suya y fue adoptada, igual que su hermana Verta, y hoy disfruta de un hogar para siempre.
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Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
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Yilka ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.







