Su historia
Yoyo tenía 10 años y era nuestro perro más sénior de entonces. Estaba previsto sacrificarlo y llegó lleno de nudos, suciedad y muy descuidado. Gracias a los cuidados de sus casas de acogida mejoró muchísimo. Era un perrito delicado al que no le gustaba que le agobiaran y que ya no tenía la vitalidad de su juventud. Le gustaban los mimos, eso sí, cuando él quería. Necesitaba una familia con paciencia que le diera tiempo para adaptarse, y la encontró.
Gracias por hacerlo posible
Cada final feliz es el resultado del esfuerzo de muchas personas: los colaboradores que dan el aviso, las casas de acogida y las familias que deciden adoptar. Gracias por formar parte de esta historia.
¿Quieres protagonizar otra historia como esta?
Yoyo ya ha encontrado su hogar, pero todavía hay otros perros esperando una segunda oportunidad.








